
El príncipe troyano
Eneas escapó de la destrucción de la ciudad de Troya junto a su padre y su hijo. Navegó por el mediterráneo. En
Cartago se enamoró de
Dido, y al marcharse, ella se suicidó. Finalmente llegó a la costa del Lacio, donde contrajo matrimonio con la hija del rey Latino,
Lavinia. Eneas fundó una ciudad a la que llamó
Lavinium. Al morir, le sucedió su hijo
Julo Ascanio, que fundó la ciudad de Alba
Longa. Después le sucedieron varios reyes. En ese tiempo no surgieron problemas, hasta que llegó
Procas, que dejó a sus dos hijos,
Numítor y
Amulio.
Numítor era el heredero al trono, pero su hermano
Amulio se lo arrebató matando a todos sus sobrinos.
Amulio dejó viva a
Rhea Silvia, pero la obligó a prestar servicio a las
Vestales.
Rhea Silvia fue fecundada por el dios Marte y tuvo dos
hijos gemelos,
Rómulo y Remo.
Amulio cogió a los niños y los metió en una cesta que después lanzó al río Tíber.
Una loba los acogió y los amamantó hasta que
Faústulo, un pastor, los encontró. Un día, Remo atacó los rebaños del rey y fue llevado a Alba. Su hermano fue a ayudarle, lo liberó y le devolvió el trono a su abuelo
Numítor. Los dos hermanos fundaron una ciudad a las orillas del río
Tíber, en el lugar donde la loba los encontró.
Rómulo y Remo
tenían que decidir quien sería el rey y que nombre tendría la ciudad. Para eso consultaron a los dioses y esperaron a que se manifestase su voluntad divina por medio de
aves. Remo vio seis buitres, y
Rómulo doce. Empezaron a pelearse y en medio de la pelea Remo murió.
Rómulo fue el rey y puso el nombre de Roma a la ciudad.